FLATLAND de Alexander Makenzie

La exposición se podrá visitar hasta el 11 de mayo

“Los juegos son arte popular, colectivo, reacciones sociales a las corrientes dominantes en cualquier cultura. Los juegos, al igual que las instituciones, son extensiones del hombre social y del cuerpo político, como las tecnologías constituyen extensiones del organismo animal”.
Haciendo suya la interpretación de Marshall McLuhan en Understanding Media, el artista neoyorquino residente en Madrid, Alex Makenzie, presenta una muestra centrada en el imaginario de los videojuegos, reinterpretados como símbolos que trascienden su mera función de entretenimiento.

“Mis imágenes de videojuegos -nos explica el artista- han surgido inspiradas por los relatos y mensajes recibidos a lo largo de toda mi vida sobre la explotación, el poder y el consumo. Mi propósito es subvertir la estética del videojuego incorporando acontecimientos reales provocados por estos intereses.”
Para el autor, los videojuegos encarnan imágenes arquetípicas: el tanque, el caza de combate, el rascacielos en llamas, pueden considerarse como emblemas populares de una mitología contemporánea. Concebido con finalidades lúdicas, el videojuego muestra también su lado oscuro: al jugar, el usuario refuerza paradigmas reduccionistas, imperialistas y capitalistas de los cuales los juegos son extensiones, creando un círculo vicioso que se retroalimenta.
Flatland, es el título de una novela satírica de ciencia ficción publicada hace ciento treinta años en la Inglaterra victoriana por Edwin A. Abbot. La novela describe un mundo habitado por criaturas geométricas condenadas a la bidimensionalidad, condena que comparten los videojuegos de Makenzie, forzados a pasar del formato audiovisual al universo plano del papel.

Tras la estética pixelada y colorista de sus videojuegos imaginados, Makenzie denuncia el racismo, la explotación colonial de las vidas y recursos naturales y la industria bélica.
Makenzie presenta en la galería madrileña ASPA Contemporary una veintena de dibujos, prácticamente toda la obra se realiza en pastel, emplea sólo en algunos casos tinta o gouache para los detalles. El trabajo del pastel en tamaños grandes implica una complejidad resuelve con maestría, sus dibujos presentan acabados cercanos a la serigrafía, logra una factura limpia y deshumanizada.