Color sin título

Si hay algo que se asocia tradicionalmente al color en la historia de la pintura universal, es su capacidad para provocar reacciones de tipo emocional. Si bien, mientras en Occidente su uso fue moralmente restringido, en Oriente se primó el gusto por el erotismo y la sensualidad a través de la representación cromática. No es hasta el Romanticismo cuando en Occidente se empieza a reivindicar el uso del color por su potencial expresivo, al que se le suma la importancia de la gestualidad del trazo, como medios para retratar las emociones del subconsciente. Ya entrados en el siglo XX, cuando la pintura se libera por fin de esa necesidad de representar la realidad física y comienza a valorarse la creatividad del artista más que la copia, el color y el trazo vuelven a ser objeto de experimentación por parte de los pintores. Con ello, desde el impresionismo y las primeras vanguardias hasta el informalismo de los años 60, el color se convierte en la base de experimentación de buena parte de la pintura moderna y contemporánea.

Cristina Rodrigo - sin titulo - 2017 - 195cm x195 cm - Aspa Contemporary - Websize
Cristina Rodrigo. Sin título. 2017. 195 cm x 195 cm. Óleo sobre lienzo

En esta línea, las obras de Cristina Rodrigo crean experiencias completamente nuevas a través del color y el trazo. En palabras suyas, sus trabajos son “una ventana abierta a un mundo cromático depurado de asociaciones formales que apelan al inconsciente emocional” cuestionando, de esta forma, el propio límite físico del lienzo. Es más, la elección de llamar a sus piezas Sin título no es aleatoria. Con ello, la artista elimina cualquier voluntad de dotar de narratividad a la obra y ayuda a enfatizar su carácter sensorial y experiencial.

Quiénes observamos sus lienzos nos vemos atrapados por una fuerza tanto física como emocional. La energía creativa que desprenden es algo que nos coge por sorpresa. Nos sorprende y embriaga como algo inesperado e incontrolable. El sentido del movimiento de las formas se ve acentuado por la disolución de los contornos, consiguiendo con ello abstracciones muy evocadoras y sensuales.

Cristina Rodrigo no utiliza ninguna hoja de ruta, ni bocetos ni imágenes preconcebidas. Su lenguaje es el color: el rojo bermellón, el azul de Prusia, el naranja, los tierra, gamas de grises, los blancos,… en óleos muy diluidos que han sido previamente expuestos a diferentes soluciones y barnices, y que va esparciendo instintivamente por el lienzo en posición horizontal en un proceso caracterizado por la espontaneidad. Las capas cromáticas se van superponiendo formando ligeras veladuras y diferentes texturas que el propio pigmento deja a su paso. El color marca cada acción como si se tratase de un ser orgánico; como un organismo autónomo que, además, cambia con el tiempo. La humedad o la densidad son agentes imprevisibles e imposibles de controlar por la autora. De esta manera, Cristina se enfrenta a un diálogo inesperado con el pigmento: consigue explotar todas las posibilidades texturales de la pintura y hace visible su propia materialidad. A medida que va superponiendo las capas cromáticas, la imagen crece tridimensionalmente. El proceso creativo puede durar meses, o incluso años.

Las influencias de Cristina Rodrigo van desde la pintura de Gerhard Richter o Katharina Grosse, hasta aspectos más generales que beben directamente de la abstracción, del neoexpresionismo alemán y del informalismo americano. Pero más allá de estas inevitables referencias, la artista ha conseguido desarrollar una personalidad propia que la hace destacar dentro de nuestro panorama actual. Su originalidad resulta inconfundible y la coherencia en todo su trabajo da solidez a una trayectoria que no ha hecho más que empezar.

Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, Rodrigo realizó estudios simultáneos en la Staatliche Akademie des Bildende Kunst de Stuttgart con el profesor Christian Jankowski, donde desarrolló un gran interés por las instalaciones y el video arte. Durante una residencia de intercambio en el California College of Art de San Francisco, participó en el ISR, Institut for Social Research, que aprovechó para trabajar en torno al lenguaje, debido a la barrera lingüística entre los artistas americanos y los alemanes. Entre 2011 y 2013 fue codirectora y comisaria de la Bomb Gallery, una plataforma de arte experimental en un edificio bombardeado de Mostar creada para el diálogo intercultural. Se estableció en Berlín en 2008 y regresó a España en 2012, que es cuando decide centrarse exclusivamente en su obra pictórica.

Desde entonces, la obra de Cristina ha evolucionado tanto temática, como técnicamente. Los paisajes se han ido desdibujando y las manchas cromáticas han ido adoptando sus propias formas. La superposición de papeles de seda pegados sobre el lienzo, los empastes y los raspados han dado paso a veladuras más finas de capas cromáticas. Las que antes eran progresivas tonalidades, ahora llegan a ser combinaciones arriesgadas, incluso de carácter antitético, que generan en ocasiones duros enfrentamientos. Sin embargo, el color, la luz o el juego de texturas constituyen el eje vertebrador de toda su trayectoria desde sus comienzos.

En sus últimos trabajos, la artista ha empezado a experimentar con diferentes formatos y escalas. Del rectángulo a los formatos trapezoidales, hexagonales o circulares, Cristina Rodrigo introduce diferentes juegos de escala. Los formatos pequeños invitan al espectador a un encuentro íntimo, mientras que los grandes nos envuelven, rompiendo así el límite físico de la tela y activando el espacio que nos rodea. El color irradia de una manera no figurada, sino sensorial, provocando que la percepción del espectador se convierta en toda una experiencia artística y emocional. Con todo ello, entramos de lleno en cuestiones que son fundamentales en la pintura contemporánea: la construcción de la imagen, la activación del espacio y la dimensión temporal de la obra, en la que las huellas del paso del tiempo se transforman en un gesto pictórico.

La presente exposición reúne una decena de obras con cierto carácter retrospectivo. Se trata de un alto en el camino, una oportunidad de parar y mirar hacia atrás desde una perspectiva contemporánea. La selección propuesta da forma a un proyecto coral donde obras de mayor formato conviven con otras composiciones menores, lo que nos permite experimentar la pintura de Cristina Rodrigo en diferentes grados de intensidad.

Ana Berruguete

Ana Berruguete es doctora en Estética e Historia del Arte Contemporáneo por la Universidad Complutense de Madrid. Responsable de Exposiciones de La Fábrica y del festival PHotoEspaña en sus ediciones de 2013,2015 y 2016. Comisaria en proyectos expositivos de La Fábrica e investigadora en otros del MNCARS, Museo de Bellas Artes de Bilbao y MEIAC. Ha colaborado también como crítico de arte en distintas publicaciones y como docente en cursos de posgrado sobre fotografía y artes visuales.