Cerco y Sombra – Mariano Henestrosa

La exposición se podrá visitar hasta el sábado 30 de marzo

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Catálogo de la exposición

El gesto de la pincelada era aquello que, para la pintura expresionista, manifestaba de manera más genuina el libre fluir de la creatividad del artista. Mariano Henestrosa, por el contrario, propone el análisis de una pincelada exenta, sin pasiones, como los monemas de un lenguaje. En primer lugar se trata de un cambio de escala que descontrola las jerarquías habituales, como si una lente de aumento se fijara en el trozo de pintura antes que en el detalle del cuadro.

En segundo lugar, su obra celebra el medio pictórico como asunto en sí, como si desvelara que, más allá de motivos identificables o composiciones visuales, lo que todo cuadro exhibe es solo el rastro material dejado por la pintura. Es más, con la aplicación de las masas de color mediante monotipos, la pincelada incluso se desconecta de la mano del artista, emulando un proceso de seriación técnica que permite eludir los discursos sobre automatismos inconscientes o expresividad indómita.

La subjetividad del autor, sus implicaciones históricas, sus condicionantes contextuales o pulsionales parecen, así, quedar diluidos para revelar el gesto como simple medio pictórico. Una operación que silencia el ruido del signo. Estas eran las ideas que guiaban las exposiciones de Henestrosa que se pudieron visitar en Aspa Contemporary en 2016 y 2018.

En Cerco y sombra, sin embargo, el autor afronta el alto grado de responsabilidad que aquella postura implicaba. Asume que no hay una verdad última tras las imágenes de arte y que lo único que nos queda son los trazos que las componen, que no aluden a nada y cuyo único fin es exhibirse a sí mismos. Asume que los signos no pueden ser comprendidos, solo queda reconocerlos.

Pero Henestrosa asume también que la única postura ética es demostrar que esta purificación del signo pictórico no puede mantenerse. La pincelada, que en estas nuevas obras es encumbrada como la cifra esencial de la pintura, es trabajada a su vez como si fuera el fondo para otras pinceladas que, ahora, funcionan como figura; o bien se destaca la silueta de un rastro del pincel, sin sus vísceras de pigmento, como si fuera un volumen espacial que proyectara su sombra.

Es decir, las pinceladas, conservadas como tales pero haciéndolas funcionar como otra cosa, vuelven a ser medios de un fin que las supera. Esta intervención en las marcas del pincel significa volver a iniciar de cero la historia de la pintura, a la que Henestrosa había llevado a su extremo vaciamiento de sentido en las propuestas anteriores. Significa manejar las pinceladas en su relación con otras pinceladas para componer formas, fabricar escenas, volver a introducir el tiempo narrativo, la profundidad, el símbolo, todo aquello que había sido descartado, esto es, el hecho de pintar.

Lo que nos enseña esta exposición es que, si solo podemos disponer de los medios, entonces lo esencial del arte reside no en el significado de las imágenes sino en el simple proceso combinativo. Por qué se han escogido esos signos y no otros, por qué se han dispuesto de esa manera y no de otra. Henestrosa retoma las unidades mínimas de la pintura para emplearlas como un lenguaje, cuyo ensamblaje ocasionará un sentido nuevo: se trata de volver a hacer palabra, volver a intentar una representación artística del mundo y darle una nueva oportunidad desde sus propias ruinas.

Carlos Caranci Sáez