Anna Verrijt


Experimento la libertad cuando no me centro en la imitación. Eso no quiere decir que la libertad siempre haya estado allí, esta surge de la observación inagotable, de dibujar, de enfrentarse a la obra y rehacerla, de lágrimas y lamentos, es un gran revoltijo en el que todo contribuye al resultado. Es el descubrimiento de los materiales.
Pegar y combinar todo tipo de papeles, y rasgarlos de nuevo. Dibujar sin fin con el lápiz, carboncillo y tizas de todo tipo. Incorporar en ocasiones hallazgos artísticos como por ejemplo listas de la compra garabateadas o envolturas de caramelos de colores.

La pintura se lee entonces como un poema , que aporta al espectador su propia historia. Hay que confiar en el proceso de creación. Repetir un modo de pintar que me guste a mi o al público aniquilaría la creatividad y se reconocería inmediatamente como una obra inerte.

Es como el juego infantil con la arena, un proceso de experimentación del cual surge mi juego de formas, una búsqueda de un imaginario. Un mundo abstracto que contiene símbolos dispersos. Un poco figurativo, a veces tierno, a veces crudo, en ocasiones un grito o luego un susurro. La interpretación queda abierta al público.

Adaptado de un texto de la Autora